Arganzuela, el epicentro de los burdeles en Madrid.

LOS VECINOS SE HAN ASOCIADO PARA EJERCER PRESIÓN A LA ADMINISTRACIÓN ANTE LA INCAPACIDAD DE PODER VIVIR EN SUS HOGARES TRANQUILAMENTE, A CAUSA DE LAS AMENAZAS Y RUIDOS QUE EMANAN DE LAS VIVIENDAS, QUE ACTÚAN COMO BURDEL.

Los vecinos del distrito de Arganzuela sufren las consecuencias de tener varios burdeles en la puerta de casa. “Entorno a veinte”, llega a contabilizar una vecina del distrito. Su malestar no parte por la labor realizada dentro de las viviendas, sino por el acoso que sufren en más de una ocasión por sus clientes y por la insalubridad que se deriva por el trasiego de estos, llegando a miccionar en la escalera, desechando bebidas en la misma, o incluso hasta llegando a pernoctar en el propio portal.

Hay varias viviendas, los vecinos nos ponen un ejemplo. Entre ellas, una de planta baja de 48 metros cuadrados y con dos habitaciones. El piso está alquilado por la persona que “gestiona” este lugar, que comienza a abrir sus puertas entorno a las tres de la tarde y que cierra cuando se va el último cliente. La labor del negocio se extiende de lunes a domingo y “más de cien clientes” se han llegado a contabilizar en un solo día. Allí se ofrecen todo tipo de servicios sexuales, además de ofrecer refrigerios, llegando a actuar incluso de after. “Cuando llueve, pueden llegar a hacer del portal una sala de espera”. Cerca de la vivienda, hay dos salas de música latina, que hacen que cuando echan el cierre, la proliferación de los clientes en esta vivienda aumenten.

En esta vivienda hay entorno a cuatro o seis chicas, que van cambiándose cada tres o cuatro meses. Los vecinos insisten en que el problema no es que en esa vivienda se ejerza la prostitución, ya que las chicas afirman no estar coaccionadas, sino que su propio hogar se haya convertido en insalubre e incomodo, ya que muchos de estos clientes les increpan con insultos y amenazas. El tipo de clientes es muy sorprendente para estos vecinos, que ven llegar a grupos de gente y, que tachan de “raro” que nunca acudan solos a la vivienda.

Estos clientes han llegado a quemar los timbres de varios de vecinos, que se equivocaban de piso, y solicitaban “hembras para martillear” y el lugar “en donde se putea”, por no hablar de insultos y vejaciones vertidos, no solo hacia ellos, sino también hacia las chicas que ejercen la prostitución en estos domicilios.

Las peleas están a la orden del día, siendo los clientes los que generan el bullicio, en muchos casos llegando a pegar a las prostitutas. El acceso se controla en la puerta, en donde hay un chico que gestiona los accesos a la vivienda. Algunos vecinos han tenido que denunciar en la Policía Nacional las “amenazas de muerte” recibidas por la pareja de la señora que tiene alquilada esta vivienda.

Los vecinos viven con miedo, sin poder disfrutar de su casa, ni de su barrio, ya que esta problemática y el poco civismo se extiende por toda la calle. Muchos de sus vecinos tienen que hacer vida antes de que este negocio abra, ya que también hay gente mayor que no se siente segura casi ni en sus propias casas.

El confinamiento y el estado de alarma frenaron la actividad de manera temporal, aunque intentaban retomarla cada vez que podían, siendo los vecinos los que, de manera constante, tenían que llamar a la policía para poder frenar esta actividad, que no cesaba ni en los peores momentos de la pandemia.

Los vecinos están muy agradecidos a la Policia Municipal de Arganzuela, que desde el primer momento les ha apoyado en todo lo que han podido, gestionando el tema de los ruidos y las molestias generadas por esta vivienda, que complica el día a día de estos vecinos del distrito de Arganzuela.

Pese a este malestar constante afirman que “la situación ha mejorado mucho durante la última época”, ya que han conseguido que el Ayuntamiento les escuche y tengan presencia policial constante, que hace que la actividad se frene y puedan recuperar la calma y la tranquilidad que tanto ansian.